Sus cosas
Conducir
-El maestro (Érase una vez...) dice que el hombre es un animal más- y le dice su mamá –pero también dice que nos diferenciamos en algo... ¿en qué?- y el duendecillo atento a la jugada –en que somos más sabios, sabemos conducir-
El duendecillo al carnicero
Y tu... ¿Que vas a hacer de tu vida?
Hambre de conocimiento
Algunas mañanas es imposible despertarle. Abro las ventanas y lo voy intentado suavemente pero nada, no hay manera. Si la noche anterior dejo algo del postre para desayunar salta como un muelle si se lo recuerdo. Un día mirando por su ventana y hablándole de cómo estaba el día para ir captando su atención le digo –que largas están las sombras de los árboles por la mañana ¿quieres saber por qué?- el resultado fue el mismo que con el mejor pastel de chocolate.
Las escrituras
A raíz de su afición por La abeja Maya han “venido” a casa unos cuantos peluches de insectos que según el duendecillo “estaban buscando casa y, como tienen muy buen ojo, vieron esta y les gusto; firmaron las escrituras y se vinieron a vivir aquí. Otro día, Mamá y tu tambien firmasteis las escrituras, mientras yo estaba en casa de un amigo, y nos vinimos a vivir con ellos.”
No te canses
Sudor.
El duendecillo y el billar
Lo que más le gusta es ver las bolas desaparecer en el agujero y aparecer por la ventanita donde se depositan. Y pregunta -¿la negra, como es oscura, es de la noche y por eso se mete la última?-
Equivocado.
El cine, el teatro, una visita a unos conocidos o una excursión; y justo a la puerta o en el momento de bajarse del coche el duendecillo que dice -he decidido que escojo quedarme en casa, que ya vendremos en otro momento- y le decimos -pues ahora ya estamos aquí, etc...- y es siempre con cosas con las que hasta el último momento esta ilusionado y después también.
Este fin de semana lo hemos pasado en la casa de unos amigos y justo a la vista del letrero de entrada al pueblo nos montó un cirio de estos. El domingo después de haberse recorrido todas las calles en bicicleta, me dice -pues me había equivocado...- y yo –en que- el sigue pensativo –pues que lo he pasado muy bien-
Gafas
Al entrar en clase el duendecillo se ha quedado mirando, asombrado, a una compañera -¿eres tu? ¡No te había reconocido!- ha sido el primer día que la niña va con gafas a la escuela.
Me recuerda mi costilla que hace unos meses cuando fue con el al oculista y le dijeron que no necesitaba gafas le dijo muy serio –mira... ¡yo he venido a que me pongas gafas!- Luego, cuando le preguntábamos, nos decía que el quería tener gafas para ir a la escuela y que los niños pensaran que era otro.
Dibujos
Los dibujos del duendecillo son composiciones de los mismos motivos una y otra vez (coches, barcos, casas... ) y normalmente son monocromos (en estos le insistimos para que usase los colores). Pero lo que me llama la atención es que casi siempre hay algo que solo aparece parcialmente, como en una foto mal encuadrada (arriba un coche y abajo una casa y un avión)
Teatro
Él duendecillo fué a ver "La reina de las nieves y otros cuentos de Andersen" le empezó gustando, pero no acabó muy convencido con la presencia de la mala.
Otra suerta ha tenido "Son-nidos" de La Factoria del Norte. Volvió emocionado, contando todo lo que había visto y oido, os aseguro que no es facil despertar ese entusiasmo en el.
El duendecillo y sus abuelitas.
¿Cuantas? cada vez que ve por la calle una mujer que pase de los cincuenta le pregunta si quiere ser su abuelita. Si le añadimos las dos auténticas y tres bisabuelas no se donde nos vamos a meter el próximo cumpleaños.
Seguimos con el caca, culo, pis
Le dije a la maestra que nosotros (los niños) guardamos las palabras feas debajo del armario de la lectura.
La hermanita y el huerfanito.
Dice el duendecillo -¿cuando se embaraza Mamá y tiene una hermanita?- A lo que le contesto -¿y si es niño?- y el -pues lo regalamos y se embaraza otra vez-
La naturaleza, ¿es sabia?
El duendecillo se acerca a su Mamá, que esta trajinado por la cocina, y le pide ayuda para algo. Ella le dice –ahora no puedo- el duendecillo vuelve al salón y momentos después regresa para decir –las mamás tendrían que tener ocho brazos como los pulpos-
Los niños y los borrachos...
Hay en el pueblo al que nos hemos ido a vivir una panadería muy antigua con su montoncito de leña a la puerta y el mostrador al lado del horno. Me cuenta mi costilla que, uno de los días que ha entrado a por el pan, el duendecillo soltó una de sus frases “mal medidas” –que sucio esta todo- y, antes de que ella pudiese decir algo para salir del paso, continuó –es que los niños decimos siempre la verdad-

