Vamos a visitar a un amigo que tiene un almacén de material de construcción. Esta en la nave con su hijo unos años mayor que el duendecillo. Después de que le pregunte el uso de algunos objetos que ve, el mayor decide organizarle una visita guiada por el mundo de la construcción. Esto es una hormigonera, aquí tienes diferentes clases de azulejos, tubos grandes medianos y pequeños... Les sigo a cierta distancia viendo el orgullo que muestra el anfitrión en poder demostrar que sabe casi tanto como su papa y los grandes ojos abiertos de nuestro duendecillo mientras le sigue admirado de sus explicaciones.
Por ahora a jugado poco con los juegos de construcciones pero poco a poco parece que le va cogiendo el gusto. Ayer estaba jugando con uno de piezas de madera, hace una puerta y le digo -ponle paredes a la casa- el vago de el contesta -y si una casa no tiene paredes que pasa- y yo -entraría todo el frío en invierno y el calor en verano- se queda mirando para la ventana y dice -y entraba una sopladera y yo seguía jugando-
¡No vallas por ahí que viene el lobo! o: el hombre del saco, el coco, el sacamantecas, camuñas... Un recurso utilizado desde antiguo para establecer los límites a los niños. Se le creaban unos miedos que luego se ponían como una barrera invisible. Nosotros decidimos no amenazarle nunca con nada irreal pensando que ya tendría suficiente con los verdaderos peligros que se encontrase. Pues igualmente el se ha creado su monstruito particular. Sale corriendo por los trasteros de nuestro edificio, una sucesión interminable de puertas rojas todas iguales y que causaría pánico a cualquiera, cuando no nos ve y oye algún ruido extraño vuelve corriendo y diciendo -¡Qué viene Papato!- Este "terrible" monstruo, que usa en situaciones parecidas, lo ha extraído de la canción:
Que viene Papa pato. Pachín. Que viene Mama pato. Pachín. Que vienen lo patitos. Pachín, pachín, pachín. Tened cuidado con lo que hacéis. Pachín, pachín, pachín. A garbancito no piséis.
Pasamos la Nochevieja en mi pueblo, un rinconcito al sur de Salamanca rayano a Portugal. Después de la cena el duendecillo andaba jugando con una campanilla y se la dejo en el plato a su tío. Este le dice que en un despiste se la ha tragado y otro tío suyo, tengo tres hermanos, la esconde. El, que es bastante incrédulo, le mira escéptico pero como prueba le toca la barriga y, claro, suena. A partir de ese momento nos estuvimos desternillando durante un buen rato en el que de vez en cuando volvía a cerciorarse de que la campana seguía dentro. Según le tocaba la panza a mi hermano el nos miraba a todos los demás porque algo se olía e incluso llego a acercarse por sorpresa. Cuando por fin su tío "vomitó" la campana quedo totalmente convencido. Qué será más importante: las pruebas o querer creerse algo.
Le encanta hablar con su abuela por teléfono ya que no tiene muchas oportunidades de verla. Copia las expresiones que ve usar a los demás y me doy cuenta de algunas coletillas de las que abuso. Parece que me estuviera parodiando cuando le preguntan que tal y el responde -por aquí andamos-
El suele preguntar a los demás que están haciendo como todo el mundo hace con el. Un día su abuela del pueblo le dijo que estaba de matanza haciendo jamones, chorizos y salchichones. El muy hambrón quedo encantado y desde entonces ya no juega al corro de la patata sino el corro de la matanza.
-¿Cómo se llama el que vende vino? -Bodeguero porque lo vende en una bodega. -Y el carnicero ¿dónde vende la carne? -En la carnicería -¿Y el periodiquero?
Lo de verme jugando al ajedrez no es porque sea un gran aficionado y juegue muchas partidas en casa. En su tiempo me gustó bastante, en la época del instituto jugaba de vez en cuando. Hace poco recuperé el único libro de ajedrez que ha leído y de vez en cuando me miraba los problemas que son muy entretenidos. "Mi costilla" siempre atenta me regaló una buena ajedrez, hasta ahora jugaba con una de viaje que en su día vino tan mal hecha que faltaba una torre y sobraba un alfil lo cual fue solucionado con una navaja y menoscabo del alfil. Hace unos días tenia el libro abierto mirando un problema con el ajedrez al lado y el duendecillo cada poco miraba el libro y luego el tablero. De repente dice -voy a ponerlas como ahí- yo pensé sorprendido que las iba a colocar como en el problema, pero más me sorprendí cuando las tumbó todas. Efectivamente como en los diagramas que aparecen en el libro.
La primera vez que me vio jugar al ajedrez rápido se intereso. Le enseñé como se llaman las piezas y donde se coloca cada una. Le encontró su parte divertida, yo voy sacando las piezas y preguntándole como se llaman y donde se colocan y cuando llego a un alfil el esboza su sonrisa más pícara me mira de lado y dice DELFÍN.
No pudo ir a clase un viernes porque se levantó con fiebre. El lunes por la mañana le digo -si la profesora te pregunta por qué no fuiste a clase le dices que tenías mucha fiebre- después de pensarlo contesta -mucha, mucha... cien kilómetros-
Cuenta la mamá del duendecillo que ayer, durante la comida, se entretenía este con una caja de dátiles El Monaguillo en la que sale la silueta de un camello junto a una palmera y que el relaciona con los reyes magos. En cierto momento se pone a ensayar con sus avances en lectura -EL-MO-NA-GÜ-I-LLO- lee -se dice monaguillo- le corrige -¿qué es un monaguillo?- pregunta, siempre curioso -es un niño que ayuda al cura a decir misa- Y el, que nunca ha entrado en una iglesia ni sabe que es eso de la misa dice -MIIIIIISOOOOO, ¡Ayudo a decir "miso"!-
Tomando un café en casa de una amiga, saca una caja de esas pastas de té que van en montoncitos dentro de un papel blanco plisado y el peque dice que quiere "melenas de morder". Las equivocó con magdalenas.
Muchos niños después de ver películas de Bambi y otros tiernos animalitos se niegan a consumir carne si les dices que es ciervo, conejo, cerdo o algo que ellos identifiquen. Con las salchichas y el jamón no pasa nada.
El nuestro, por ahora, no ha mostrado ningún signo de tener tales problemas de conciencia. Después de bajarse de un carrusel, que han puesto por navidad en la plaza mayor, le preguntamos si le ha gustado -sí un día voy a comer caballo- contesta -¿porqué?- digo yo -para hacerme muy grande-
El carrusel es espectacular, grande y antiguo. Con espejos, caballos y carrozas; parece salido de una película de época. Lo de la gran nevada nos decepcionó un poco, tenían que quitarle lo de grande.
Le encanta el monumento al botijo en Dueñas, un botijo gigante, y un día, un rato después de haberlo estado viendo, se pone muy derecho y con los dos brazos levantados y dice -soy un botijón-
Para ser una cruz coloca los brazos flexionados con la mano abierta y los dedos tocando los mofletes.
Vio un escarabajo aplastado en el suelo y me pregunto qué era eso. Le dije que un bicho y durante una temporada se tumbaba boca abajo en el suelo con los brazos y las piernas abiertos y decía que era un bicho.
Caminando por los soportales hacia el Cole, va haciendo cosas raras con la boca y me dice -solo se mueve lo de arriba, lo de abajo no- (por la mandíbula)